Los límites de la autorregulación

La autorregulación es la capacidad que posee un organismo, individuo, grupo o medio para regularse a sí mismo ante los cambios provocados por la evolución interna o por la adaptación a los cambios producidos por la interacción con el exterior. El objetivo de la autorregulación es la adaptación para el mantenimiento del equilibrio u homeóstasis (sinónimo de supervivencia).

Confiar en la capacidad de autorregulación supone entender que un organismo, individuo, grupo o medio puede lograr el equilibrio espontáneo, sin necesidad de la intervención de otros factores, entidades o instituciones externas.

Un ejemplo cercano y sencillo de esto es la fiebre. La fiebre es un mecanismo presente en todos los animales que actúa como respuesta adaptativa, ayudando al cuerpo a combatir los organismos que causan enfermedades y surge en respuesta a unas sustancias llamadas pirógenos que se derivan de bacterias o virus que invaden el cuerpo, o que son producidas por las propias células. Confiamos entonces de base en nuestro sistema inmunitario y su capacidad para sanar y restaurar el equilibrio y por ello podemos respetar los procesos febriles. Pero, ¿qué sucede cuando el sistema inmunitario, por ejemplo, no está lo suficientemente desarrollado para hacer frente a un proceso interno anómalo o a un agente externo especialmente agresivo o problemático? Sucede que el mecanismo de autorregulación o bien no es suficiente o desfasado de su capacidad se convierte en un proceso destructivo que daña al propio organismo y desbarata su equilibrio.

Confiamos en la capacidad de autorregulación de la naturaleza. Pero, ¿también con estos?: mejillón cebra, almeja asiática, mosquito tigre, avispa asiática, milpiés cardador, oruga perforadora de palmeras, gorgojo de las palmeras, erizo egipcio, visón americano, perca americana… y el largo listado de especies que en este momento se consideran invasoras en España.

Confiamos en la capacidad de autorregulación de la naturaleza y somos un elemento más de la misma y, ¿qué hay del CO2, de la superpoblación, de la deforestación…?

Confiamos en la capacidad de autorregulación de las sociedades y ¿qué hay de los golpes militares, de las imposiciones del banco mundial, del control de los medios de comunicación, de la especulación financiera con el agua o los alimentos…?

La autorregulación va a estar ahí, a veces quizá tardará demasiado para los tiempos que manejamos, a veces terminará en la muerte o el colapso y el ciclo continuará, a veces no estaremos dispuestos a aceptar sus consecuencias o dirección.columpio

Y claro, confiamos en la capacidad de autorregulación de los niños. ¿En cualquier circunstancia, ante cualquier estímulo, objeto, persona, tecnología, espacio, entorno social…? Más bien, no. Sabemos que en función de su nivel de madurez física y psicológica hay ciertas cosas que pueden integrar de manera constructiva y enriquecedora y otras que pueden ser destructivas y problemáticas a corto, medio o largo plazo. Y esto es importante porque no sólo hemos de tener en cuenta el momento actual sino las circunstancias en las que las cosas se van a desarrollar a medio y largo plazo.

La clave está en la conciencia y el límite-apoyo.

Poner conciencia en el contexto interno y externo en el que el niño se autorregula es la primera clave.

Pero además y en consonancia con lo anterior está el manejo de lo que denomino el límite-apoyo. Si manejamos el concepto de límite como un abrazo amplio, como un contenedor, como un espacio que al mismo tiempo ofrezca libertad y seguridad, el proceso de autorregulación discurre de forma segura. Este límite amable, este espacio de contención se va ampliando y abriendo en función del desarrollo de la autonomía del niño. Sin él la autorregulación puede ser abandono, falta de contacto y por desatención, y puesta en riesgo, un tipo de maltrato.

Sin dejar de confiar en la autorregulación, cotidianamente hemos de manejar la intervención y los límites. La sobredimensión o el falseo de la autorregulación suponen en muchos casos abandono y falta de contacto y en otros directamente, como decíamos, un tipo de maltrato. Exponer a los niños a situaciones fuera de sus capacidades de integración y respuesta y forzarles a hacer una adaptación a costa de lo que sea y sin apoyo, es maltrato. Introducir en la cotidianidad de los niños elementos que difícilmente pueden gestionar por sí mismos pero que además muy probablemente generen distorsiones de relación y problemas con el entorno, y sin apoyo, es maltrato.

El origen de la mala gestión de la autorregulación puede estar en la pereza o en la ignorancia. Pereza e ignorancia que también pueden estar revestidas de una combinación interesada de referentes teóricos con mayor o menor fundamento pero se usan como excusa o tapadera.

Este es el difícil equilibrio entre el respeto al ritmo de los niños y las dos polaridades de la sobreintervención o el abandono. El camino de la autonomía y la construcción de la individualidad pueden verse lastrados por una u otra actitud que llevarán de forma inevitable a una misma doble sensación  entre la dependencia y la soledad.

Author: psiconline

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