Medicinas para el alma: Solución o problema

Según los datos publicados por la AEM (Agencia Española del Medicamento) en los últimos diez años se ha duplicado el uso de antidepresivos, los ansiolíticos se consumen cerca de un 40% más desde el año 2000 y los hipnóticos y sedantes un 66,2% más.

¿Cómo interpretamos estos datos? O bien ha empeorado de forma considerable la salud mental en estos últimos años, o bien se ha considerado tanto por parte del sistema médico como por parte de los usuarios que la medicación es la mejor solución para los problemas del “alma”. La tercera opción sería una combinación de las dos anteriores.pastillas

Quienes día a día trabajamos en el ámbito de la salud mental podemos ser conscientes de esa combinación y sin embargo no podemos dejar de vivirla con honda preocupación. No sólo por el “cuánto”, sino por el “cómo” y por el “por qué”.

En el sistema sanitario ha habido, suponemos que por economía o falta de recursos, un desplazamiento en la atención a la salud mental desde los servicios especializados en psiquiatría a la Atención Primaria.

En mi caso particular he podido observar que este desplazamiento ha supuesto una merma considerable tanto en el ámbito de los criterios diagnósticos como en la aplicación seria de los protocolos de información y control sobre el desarrollo de tratamientos de este tipo.

Se ha puesto demasiado fácil el acceso a la farmacología psiquiátrica y su uso se hace de forma desinformada e “infracontrolada”.

No quiero quitar valor a los profesionales de Atención Primaria y conozco y entiendo la repercusión que en ellos están teniendo los recortes en forma de saturación de listas y las presiones a las que se ven sometidos para actuar como filtro a la atención especializada. Al mismo tiempo, en el tema que nos ocupa y en muchas ocasiones entiendo que están actuando de forma irresponsable. Realizando diagnósticos de dudosa validez, informando de forma escasa sobre las posibilidades de tratamiento y sobre el tratamiento farmacológico, no siendo estrictos en la exigencia de las pruebas analíticas pertinentes, ni realizando un seguimiento adecuado del tratamiento: efectos, validez, duración, extinción… Aunque esto no solo sucede en la Atención Primaria sino también en la especializada.

Esto no quita que ponga también el punto de responsabilidad sobre cada uno de nosotros, quienes somos al fin y al cabo los legítimos gestores de nuestra salud. Y esa responsabilidad supone poner criterio, informarnos y pedir un seguimiento serio si nuestra elección es la farmacología.

Sobre la elección de la farmacología como tratamiento hemos de pensar: para qué, cómo y hasta cuándo. La farmacología psiquiátrica no son caramelos. La alteración de la química corporal supone una serie de efectos beneficiosos y también adversos. Supone una serie de riesgos entre los que está la habituación y la adicción. Y supone poner en cuestión el objetivo de tomarla. Si es solo un parche mientras pasa la tormenta, si es solo un parche aunque la tormenta no vaya a pasar o si es una ayuda para enfrentarnos con más fuerza y tranquilidad a la tormenta.

No soy en absoluto contrario a la medicación. Creo que en muchos casos supone un maravilloso avance para paliar un determinado nivel de sufrimiento. Pero entiendo la medicación como un medio parcial, limitado en sus efectos y en el tiempo (cada caso es diferente) y que tiene que formar parte de un proceso y colaborar con éste, pero no sustituirlo. Queda mucho camino de investigación por conseguir medicaciones personalizadas, aún sus efectos son muy burdos y en muchos casos, “matan moscas a cañonazos”.

Sabemos que después de una borrachera los problemas previos siguen siendo los mismos y quizá se haya añadido alguno más por ésta. No te creas que esa pastillita blanca que viene en una cajita de diseño, con ese papelito lleno de letras que no sueles leer y consentida por un médico, pueda ser diferente en muchos casos que una botella de vodka barato.

Los problemas del “alma” tienen muchos brazos y no todos ellos están en la química cerebral. Hay mucho por pensar, sentir y hacer, “además” o “en vez de” tomar medicación.

Axier Ariznabarreta – Psicólogo

Author: psiconline

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