El tiempo (y no el atmosférico)
May13

El tiempo (y no el atmosférico)

El tiempo (y no el atmosférico) es un resbaladizo concepto que tiene al menos dos vertientes: La del reloj y los horarios. 365 días de 24 horas en un año. La vivencia del tiempo. En el que algunos minutos son eternos y algunos meses y años inapreciables. Es necesario entonces abordar el asunto de la gestión del tiempo tanto desde la perspectiva de la cantidad como de la calidad del mismo. La forma simple de abordar el tiempo trata de buscar una distribución de horarios en la que tengan cabida todas las necesidades e intereses de la persona. Consiste en tomar consciencia de esas necesidades e intereses, establecer prioridades y tratar de hacer un reparto “justo” de todas ellas. Para hacer esta distribución habría que tener en cuenta al menos cuatro áreas principales: salud, “obligaciones personales”, ocio y negocio. Me explico: La salud se refiere al cuidado propio y a la satisfacción de las necesidades básicas: alimentación, descanso, actividad física… Las “obligaciones personales” a todas esas áreas de compromiso elegido y adquirido que pueden ir desde la atención a la familia y el hogar, hasta la gestión de asuntos económicos e institucionales. El ocio: el tiempo relacionado con el descanso activo y el disfrute. El negocio: el tiempo dedicado a la obtención de recursos para sostener el resto de áreas. Desde cuidar el huerto del que recogerás alimentos hasta la ganancia de dinero a través del trabajo. Algo más complejo es plantearnos,por una parte, la cuestión de la calidad del tiempo y ,por otra, la interconexión entre estas áreas. Es necesario conciliar estas cuatro áreas de dedicación y como decíamos, no solo es cuestión de cantidad de horas sino de la calidad que estas tienen. Es un hecho que más horas no es igual a mayor productividad. Léase productividad como consecución de objetivos en cualquiera de estas áreas. La eficacia (lograr objetivos) y la eficiencia (lograr esos objetivos con el mínimo costo posible), deben de ir de la mano. La calidad del tiempo tiene mucho que ver con la motivación con la que afrontamos nuestras tareas, con nuestra capacidad de organización y concentración y con la satisfacción que estas tareas o acciones nos pueden producir. Sería hermoso que cada segundo de nuestra vida sea de acción o calma, esté pleno de motivación, energía, entrega, satisfacción, claridad… Sin embargo sabemos que eso no puede ser así. A lo máximo que podemos aspirar es a que haya un buen equilibrio entre el hacer y el no hacer, el ser, el tener y el estar, y que al menos podamos compensar momentos de menor motivación o mayor esfuerzo y desgaste con otros...

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